Esta confesión está muy larga; pero sin los detalles como que no se entiende bien. Si a alguno le da gueva leer, pues que no la lea y ya. ¿Ok? Ok.
Hace como 20 años iba en un autobús de Monterrey a Torreón a visitar a una chica -siempre he estado muy pendejo para manejar en carretera porque me distraigo resolviendo los problemas mundiales-. El caso es que como a 40 km de Torreón, había un bloqueo de perredistas de un rancho, que alegaban que les robaron las elecciones y que no se movían de la carretera hasta que alguien del gobierno federal llegara a negociar. Y ni de un lado ni del otro ya llevaban como cinco horas con el plantón y no se veía para cuando. El chofer del autobús dijo, -ni pedo a esperar a ver qué pasa. Y que me paro y digo; - ni madres yo me bajo, cruzo el bloqueo a pie y del otro lado pido raid- pero todos los del autobús empezaron a decir que los perredistas eran bien cabrones y que yo estaba muy bonito -de que se ríen, así dijo una señora- y que no me fueran a malorear.
Total que se me pegó un señor tipo campesino que dijo que tenía un enfermo y que le urgía llegar también, así que le digo -pues vamos carnal tu vas a ser mi Robin, mi Toro, mi buen escudero Sancho; solos contra el mundo mi amigo, y de pasada cárgame la maleta que está muy pesada-. Entre paréntesis; dicen los que me conocen que siempre encuentro quien haga las cosas por mi; pero yo soy de la filosofía de que quien encuentra un pendejo encuentra un tesoro.
Así que nos fuimos por el monte y los perredistas ni nos pelaron porque ya andaban más que pedos, al llegar al otro lado se veían orillados a la carretera como mil trailers porque el camino era muy angosto y no se podían dar la vuelta, de carros nada; total que dije; - ni modo, a caminar donde empiezan los trailers que es donde puede llegar un carro y darse la vuelta. Pues ahí vamos y en eso a nuestra espalda se acerca un carro y rápido que le hago el autostop y se para.
Cuando me acerco veo que el tipo llevaba un traje y se estaba guardando una pistola en la sobaquera, y como que pensé que me iba a ver muy tarado si no me subía estando casi de noche en medio de la gran cagada y sin otra forma de transporte a la vista. El caso es que era un policía judicial, que había ido a hacer una diligencia con un compañero y se les atravesó el bloqueo; el compañero se había quedado allí dizque a investigar en lo que el otro iba a llamar por teléfono para recibir instrucciones en una gasolinera unos Kilómetros más delante.
El poli me dijo que me daba raid hasta la gasolinera, pero que allí había transporte público y teléfono; hasta eso el tipo se veía buena onda y como traía un carro del año todo tuneado le empecé a sacar plática por allí, y luego que si yo no conocía los antros de Monterrey, y yo –Uh sí claro a ver si cuando vayas de visita nos vamos de borrachos a los prostíbulos, (aja, como no pendejo). Total llegamos a la chingada gasolinera y claro; que no había taxis, ni camiones ni nada porque como se supo lo del bloqueo eso estaba desierto. Bueno pues a llamar y pedir el favor, al cabo ya ni estaba tan lejos Torreón. El polecía llamó primero y le dijeron que se fuera en chinga al aeropuerto a recoger a un general que llegaba en un avión privado; saliendo me dice –mira si quieres nos regresamos por mi compañero y luego te acercamos a Torreón, para que no molestes a la familia de tu novia. –ah pues me parece perfecto, me cae que llegando a Monterrey te presento a unas primas –aja-.
Así que ahí vamos de vuelta y al llegar al plantón de entre los camiones sale un tipo, que hasta parecía caricatura de lo mal encarado, mala vibra, un judicial por donde se le mirara de esos que tenemos tan triste recuerdo. Y que el primo para el carro y se baja y se sube atrás; y yo le digo –oye no pues yo me voy atrás- y el otro que nada más se me queda viendo y dice -¿y este pendejo qué?. Total que poli malo –uta hasta parece chiste- se sube y pues que con mi natural charming y hablándole de viejas y antros que es lo que le gusta oír a esos tipos como que algo de plática agarramos, pero si se sentía la mala vibra, ese cabrón fácil había matado como a diez, si no es que más.
Para esto íbamos en un malibú de aquellos medio deportivos que traían motor de ocho y el poli malo le empieza a acelerar, pinche camino oscuro que ni parecía de ida y vuelta de lo angosto y el estúpido iba corriendo como a 180 km, que porque traía mucha prisa que no fuera a llegar antes que él el general.
Antes de Torreón, había un pueblito con unos topes que parecían bardas, y nosotros con el carro achaparrado que nos los volamos, -y literalmente casi volamos- y el poli bueno llorando porque era su carro y que le bajara, y yo con los destos en el cuello. Total que el otro le bajó como medio kilómetro y ahí va de vuelta a todo lo que daba el malibú. Entrando a Torreón había unos camellones altísmos y que de repente vemos como a 300 metros un ciclista que estaba en medio de la avenida y que empieza a pedalear para llegar al otro lado. Uta 300 metros cuando vas casi a 200 km los recorres en un tris, y el poli malo que ya sentía que atropellaba al otro se empieza a orillar al lado izquierdo para darle espacio, y yo nada mas veía el camellón y pensé que si le pegábamos íbamos a valer madres. Entonces el ciclista hace la decisión más pendeja de su vida, como que sintió el carro encima y voltea la bicicleta para regresarse al lado del camellón. Chíngale lo ví a 20 metros adelante del cofre, puse la mano en el parabrisas para agarrarme de algo y voltee la cara, sentí el golpe en el carro y el cráneo cuando se estrellaba en el parabrisas, exactamente donde tenía la mano, me acuerdo de la sensación todavía.
Como iba volteando para atrás vi al ciclista volar en cámara lenta y caer lejísimos todo desecho, como muñeco de trapo; luego me veo la mano ensangrentada y pensé que era la sangre de su cabeza cuando explotó. Y el carro dando de bandazos, no, no, no, íbamos a matarnos allí todos. Se tomó como quinientos metros estabilizarlo. Y claro; cuando las cosas están mal, nunca falta el idiota que viene a cagarla más; el viejito ranchero que iba conmigo, no se quedó en la gasolinera, seguía con nosotros, pero como iba callado y como azorrillado ni había figurado en el relato. Uta después del golpe se pone a gritar como poseído, -¡asesinos, asesinos, ustedes lo mataron yo lo ví-. A los judiciales les iba gritando de asesinos, y madre y media. Ya me veía tirado en una zanja con un balazo en la frente; pues que me volteó y que le doy un madrazo al viejito, seco macizo. Le digo –cállate pendejo, tu no viste nada, y al que iba manejando le digo, salte del camino principal por entre la colonia yo te guío.
Uta madre, si yo no conocía el pinche Torreón, pues ahí vamos levantando polvo por unas colonias que en mi vida, no sé ni cómo fuimos a dar al aeropuerto. Y casi llegando, se ve que un jet va aterrizando, y el poli malo lo ve y dice –en la madre el general- y se frena, pero le cae el veinte que el carro estaba hecho cagada, con el cofre aplastado y el parabrisas roto.
Pues que abro la puerta y me bajo, y el otro hace el ademán como de sacar el cuete; pero como llegó haciendo escándalo lo guardias del aeropuerto lo estaban viendo como que titubeó.- Me da una mirada bien ojeta y dice –Si hablas te mueres cabrón.
Entonces se arranca y ahí voy con las piernas de alambre tratando de llegar al aeropuerto, con el señor detrás de mí, claro que el aeropuerto de Torreón hace veinte años a las diez de la noche estaba vacío, y en eso viene un señor y casi me le subo encima, lo abrazo y le digo –por lo que más quiera sáqueme de aquí, le pago lo que quiera, pero sáqueme. Claro que el tipo se sacó de onda, pero como que me vio que no iba borracho ni nada, sino aterrorizado y dice.- Pues mira yo voy cerca, pero te dejo cerca de un hospital y ahí hay teléfono para que le llames a tu familia-, ya ni preguntó nada, como que no se quiso involucrar. Nos bajó un par de kilómetros delante y empezamos a caminar al hospital. En eso el señor empieza, voy a perder el camión a mi rancho, a esta hora dejan de pasar. Como ya me tenía hasta la madre, le pregunté a donde iba, y le señalé un camión que iba pasando y le dije, eso lo deja córrale que es el último; y allí se perdió en la noche el ruco.
No pues llegando al hospital le hablé a mi novia que estaba que se la llevaba el carajo, porque tenía como 6 horas de retraso y que le digo que estoy en el hospital, uta hizo como 3 minutos en llegar, pero como le hablé de la sala de urgencia estaba viendo como llegaba la gente en la ambulancia –sábado en la noche-. Acuchillados, balaceados, golpeados y claro; atropellados Por supuesto que detrás de ellos la familia llorando, chin en cada camilla que pasaba se me hacía que venía el ciclista. Llega mi novia, me subo en chinga, y le voy platicando en el camino, cuando llego sus papás me estaban esperando muy preocupados, creo que hasta habían preparado una cena en mi honor- Órale llega el de Monterrey a visitarnos, saquen la vajilla buena-.
Total que me vieron tan pálido y asustado que me dicen que me tengo que tomar algo fuerte para que no me haga daño; y que van sacando Sotol. Sotol de la sierra, que hasta a los teporochos se les sube y que me sirven un vaso jaibolero –Pero con cuidado, porque esta fuerte- Cual cuidado, me lo tomé de hidalgo, y el otro y el otro; les dije muchas gracias, me enseñaron mi recámara y caí muerto como quince horas.
Claro que nunca fui a denunciar, era la época en que los judiciales torturaban y desaparecían por menos que eso; como que ha de ser aniversario, porque hoy me levanté pensando en eso, ahora ustedes saben la historia, y espero que el fantasma que se me aparece en el espejo desde entonces y que me dice –Redrum, se les manifieste a ustedes a partir de ahora.
Gracias Leforo.
Esto es extremadamente impresionante, considerando que lo hicieron en una C64
Postea aquí si extrañas este sonido
bastardo Hace 1 minuto